⚽ Fútbol
El Torneo Provincial de Fútbol 2026 de Catamarca comienza a transitar un camino complejo incluso antes de que ruede la pelota. Con inicio previsto para el 18 de enero de 2026, a la fecha de hoy, 26 de diciembre de 2025, todavía no se ha dado a conocer el fixture oficial del certamen, una situación que genera un profundo malestar en dirigentes y cuerpos técnicos que necesitan planificar con antelación la logística, los traslados y el presupuesto de sus clubes.
Este dato no es menor. En un contexto económico delicado para la mayoría de las instituciones deportivas, la falta de previsibilidad se convierte en un problema serio, que se suma a las dudas ya existentes sobre el nuevo formato del torneo.
En este escenario aparece la preocupación —que por ahora se maneja en el terreno de las versiones y el análisis dirigencial— de que el Club Atlético Policial, representante de la Liga Catamarqueña de Fútbol, podría evaluar su continuidad en el certamen debido al fuerte impacto económico que demanda este nuevo esquema de competencia. Más allá de que no exista aún una confirmación oficial, el solo hecho de que un club de su historia y peso deportivo atraviese este dilema debería encender una señal de alarma.
El origen del conflicto se remonta a la primera reunión de la Federación Catamarqueña de Fútbol, donde se resolvió modificar de manera sustancial el formato del Torneo Provincial 2026. La moción aprobada establece cuatro zonas, divididas en dos subzonas de cinco equipos cada una, con representantes de distintas ligas en cada grupo. Esto implica, en la fase clasificatoria, al menos cuatro viajes interdepartamentales para cada club, con los costos que ello conlleva.
Dicha propuesta fue impulsada por dirigentes de las ligas de Belén, Capital, Tinogasta, Andalgalá y Santa María, mientras que desde la Liga Chacarera de Fútbol se planteó una alternativa más conservadora: mantener el formato del año anterior, priorizando la reducción de gastos y permitiendo que los representantes de cada liga compartan zona. Esta postura fue acompañada por las ligas de Recreo, Santa Rosa y Fiambalá, aunque no prosperó.
Lo que generó mayor inquietud fue la respuesta que surgió ante una consulta concreta: ¿qué sucedería si un club decide bajarse del torneo por razones económicas? Desde el ámbito federativo la respuesta habría sido tajante, señalando que los clubes clasificados deben jugar y que, de no hacerlo, podrían recibir sanciones.
Este punto abre un debate profundo y necesario. No se trata de una negativa al torneo ni a la competencia, sino de preguntarse si las decisiones tomadas reflejan la realidad económica de los clubes o si, por el contrario, se prioriza un modelo organizativo sin medir sus consecuencias.
Los clubes son la base del fútbol catamarqueño. Son los que sostienen la actividad durante todo el año, muchas veces con recursos limitados, esfuerzo dirigencial voluntario y jugadores amateurs que compatibilizan el fútbol con el trabajo y la familia. Exigirles viajes, gastos y compromisos sin una planificación clara —y sin siquiera contar con un fixture a menos de un mes del inicio— parece, como mínimo, una señal preocupante.
El Torneo Provincial debería ser una vidriera, una oportunidad de crecimiento y competencia sana. Pero para que eso suceda, cuidar a los clubes no puede ser un discurso: debe ser una prioridad real. Escuchar sus necesidades, brindar previsibilidad y buscar formatos viables no debilita al fútbol; por el contrario, lo fortalece.
La pregunta queda planteada, sin acusaciones personales y con la seriedad que el tema merece: ¿las decisiones actuales están pensadas para el desarrollo del fútbol catamarqueño o están alejándose de la realidad que viven hoy los clubes?.







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